El martes 11 de noviembre de 2025, la República Dominicana vivió un episodio que debería avergonzar a quienes tienen la responsabilidad de garantizar el suministro eléctrico: un apagón generalizado dejó a gran parte del país sin luz, servicios y respuestas claras.
¿Qué pasó exactamente?
- La falla se originó en una línea de transmisión de 169 megavatios en la zona de San Pedro de Macorís.
- A consecuencia de ello, el sistema eléctrico nacional entró en reacción en cadena: las unidades generadoras y de transmisión fueron perdiendo el servicio, y al menos sólo el 15 % de los 3 266 MW habituales operaban al momento del colapso. (Diario Libre)
- El apagón afectó servicios esenciales: el Metro de Santo Domingo quedó paralizado, también el teleférico, comercios, hogares, y zonas en Santo Domingo, Santiago, San Cristóbal y el Este del país reportaron cortes. (Listín Diario)
- Las autoridades reconocen que el origen fue el sistema de transmisión, no tanto las redes de distribución. (Hoy Digital)
El impacto ciudadano
Es indignante ver cómo, en pleno siglo XXI, una nación con tantos recursos y promesas se detiene por un fallo estructural. Familias quedaron sin poder cocinar, sin luces, sin ventilación, pacientes en hospitales vieron peligrar sus cuidados, transporte público quedó en parálisis. Comerciantes perdieron operaciones, trabajadores quedaron atrapados. Y todo esto mientras pagamos tarifas que no reflejan la confiabilidad que se exige.
Uno se pregunta: ¿qué han hecho las instituciones que administran nuestra generación, transmisión y distribución para evitar esto? ¿Cuántas advertencias había sobre la fragilidad del sistema y cuántas quedaron en el olvido?
Promesas que suenan cada vez más huecas
Este apagón demuestra, una vez más, que las promesas no son suficientes sin acción. Como cuando el presidente Luis Abinader anunció en septiembre de 2024 que la meta era generar un excedente energético para el 2027, de modo que la República Dominicana, además de cubrir su propia demanda, pudiera exportar electricidad a Puerto Rico mediante un cable submarino.
Mientras hablamos de “vender electricidad al extranjero”, no podemos garantizar que el país se mantenga conectado internamente. ¿Exportar electricidad cuando internamente colapsamos? ¿Inversión multimillonaria cuando la red de transmisión flaquea?
Un análisis reciente de verificación de promesas revela que, en el tema eléctrico, varias de las metas presentadas por el gobierno han no sido cumplidas. (Listín Diario)
¿Qué esperamos como ciudadanos?
- Que se publique transparencia plena sobre lo ocurrido: qué línea falló, por qué, cuándo se activa el protocolo de protección, qué medidas correctivas inmediatas se tomaron.
- Que se asuman responsabilidades: no puede seguir siendo “una avería” sin que haya consecuencias para quienes debían mantener la infraestructura.
- Que se detenga el discurso de “exportaremos energía” sin primero asegurar que la energía llegue a cada hogar dominicano sin interrupción.
- Que se aceleren las reformas de fondo en generación, transmisión y distribución, y se invierta en mantenimiento, modernización, redundancia del sistema.
- Que se cambie el enfoque: un servicio público esencial como la electricidad no es un lujo ni un negocio de exportación primero — es un derecho básico para los ciudadanos.
Conclusión
Este apagón nacional del 11 de noviembre de 2025 es un recordatorio duro y claro de que las palabras sin hechos dejan a un pueblo a oscuras. Como ciudadanos, debemos exigir que los discursos que hablan de cables submarinos a Puerto Rico y de “excedentes energéticos” sean acompañados de resultados concretos en nuestro país. La electricidad no es un anuncio de campaña, es una necesidad humana fundamental.


